Espacios singulares

El jardín del museo

Espais singulars MMB

Pere de Prada i Arana

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Pere de Prada i Arana

Entre 1802 y 1936, los Astilleros Reales de Barcelona hicieron la función de parque y maestranza de artillería. Dentro de las naves medievales y modernas había talleres, fundiciones, almacenes, etc., y en los edificios anejos había principalmente cuarteles. El lugar donde ahora se encuentra el jardín del museo estaba ocupado por unos edificios externos dedicados a laboratorio y a trabajos relativamente peligrosos; por eso quedaban fuera del conjunto y en la parte de atrás. Cuando se inició la recuperación de los Astilleros Reales en verano de 1936, se derrumbaron aquellos edificios y el espacio resultante se urbanizó y ajardinó.

Con los años, se plantaron árboles, se hizo una balsa y se fue domesticando el espacio, hasta que en los años noventa este rincón quedó abierto al público como un jardín más de la ciudad. Más tarde, con la construcción del restaurante, la cafetería y el acceso al museo; y con la ubicación de piezas de gran volumen como el puente de mando del Sayremar Uno o una grúa del puerto, el jardín se ha convertido en un espacio delicioso y acogedor. En él se realizan diversas actividades (especialmente en primavera y verano) y los fines de semana, se llena de público, ya que se trata de uno de los espacios “especiales” del museo.

El jardín del Baluarte, la muralla y el Portal de Santa Madrona

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Pere de Prada i Arana

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Pere de Prada i Arana

Cuando en 1854 empezó el derribo de las murallas que rodeaban la ciudad de Barcelona, sólo se preservó un tramo: la muralla medieval de los Astilleros Reales, el Portal de Santa Madrona y el Baluarte de los Astilleros. Como en aquel entonces el conjunto era todavía una instalación militar, este tramo de fortificación era intocable, afortunadamente para la ciudad. La sección de muralla de los siglos XIV-XV es el único paño que queda, con dos torres del siglo XIII incluidas. También forma parte el Portal de Santa Madrona, único testigo de las puertas de la ciudad, que cada noche protegían a los barceloneses. También es único el Baluarte de los Astilleros (medio baluarte, en realidad), una estructura defensiva del siglo XVII pensada para la guerra moderna, resistente a la artillería y a la vez preparada para ser una fortificación de fácil defensa.

Acabada su función militar, el conjunto de muralla y baluarte se ha convertido en un espacio ajardinado visitable, un rincón secreto de la ciudad, donde es posible pasear con la sensación de trasladarse unos siglos atrás. Una vez al mes este jardín y el portal se abren al público, que puede descubrir uno de los últimos espacios íntimos que esconde la ciudad, protegido por el Consorcio de los Astilleros Reales de Barcelona.